La Colmena
Estos son los 6 primeros tomos de nuestra historia

ACTO I

ACTO II

ACTO III

ACTO IV

ACTO V

ACTO VI

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Esto va dedicado a nuestros hijos, y es así como me dirigiré a ellos.
La Colmena, contarte como y donde es una historia que te costará creer, es una que muy pocos la conocen, pero que aun permanece en el recuerdo de nuestra sangre, una historia de origen rebelde, infundada en la esperanza y el odio, en la desesperación y en el valor de muchos.

Habrá quien lo llame leyenda, otros lo creerán como un mito, incluso hay quienes lo recuerdan como un cuento de cuna sobre nuestro pasado.

No los juzgo, no lo vivieron, no lo experimentaron, pero hijo, esta historia corre por nuestras venas, y es por esto que considero que es la hora de conocer la cruda realidad ...

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Para empezar esta historia comenzaremos como todas las buenas historias, por el principio, y el personaje principal de los acontecimientos en este preludio fue el teniente Terrence Nolan, originario de una pequeña ciudad en el sistema Elysium.

 Este se alistó en la Flota en lugar de ir a la escuela, quería ver las estrellas, una escena en el campo mirando al cielo le llevó a preguntarse qué habría allí. 

-Quiero ver lo que nadie había visto nunca-, una idea genial sin duda. No ocupaba sus pensamientos si habrían, o no, alienígenas esperando bajo la calidez de esas estrellas, nunca pensó en eso.  

-Mira, cuando sea piloto, solo quiero ver una nebulosa, una grande y hermosa, creo que eso sería máximo-

 

Una vez finalizó en la escuela de vuelo, el joven teniente Terrence Nolan fue a los sectores orientales.

 Formaba parte de un ala de patrulla a lo largo de la frontera con los Xi’An. Le encomendaban aburridas patrullas, lejos de sus grandes sueños. 

Una vez, durante un largo y tedioso turno, avistó una pequeña nave de transporte hostigada por piratas. 

A pesar del elevado número de contendientes y la casualidad de encontrarse en un turno en solitario, el joven teniente Nolan atacó. 

Toda una locura, incluso su barco acabó derribado, pero en la hazaña llegó a destruir aproximadamente tres de las naves piratas, esto fue justo antes de que aparecieran los refuerzos en la zona.

 

Salvó el transporte, y felicitado por su comandante ingresó en el Escuadrón 42. Salvaje, loco y estúpido fue el acto que le permitió ser reclutado en el Escuadrón 42. Un lugar plagado de gente con épicas historias similares.

El ya no tan joven teniente Nolan es transferido de vuelta a los sistemas occidentales. Ahora es parte del galardonado escuadrón. Mientras el resto de la Flota sale del territorio Vanduul, estos van a buscar una pelea.

Son lo único que se interpone entre nuestros sistemas y los grupo asaltantes.

Su comandante, inteligente y resistente, es una dama audaz llamada Aria Reilly, combatiente durante toda su vida. Algo que hace desde que su ciudad natal fuese reducida a cenizas por un grupo de asalto Vanduul.

Su piloto les llevaba más allá de los sistemas de asentamiento UEE, en dirección a espacio no reclamado. Buscando el alimento de su venganza, a los Vanduul, su caza.

Después de unas dos semanas en el porta-naves, el aire empezaba a tornarse amargo. El aprecio al teniente Nolan comenzaba a desaparecer. Sobre su persona recaía un rumor, una ofensa que hizo mella en las filas, -Un pelele más abordo-.

Una mañana sufrieron una emboscada por un gran grupo de interceptores Vanduul, cientos de Scythes iluminaban de rojo sangre la negrura del inhóspito espacio que cubría el entorno más inmediato. Un experimentado teniente Nolan encabezaría el despliegue de los cazas de la UEE en respuesta de la inesperada incursión.

Seis largas horas de batalla. Las naves se retorcían por el espacio, un baile caótico y lleno de frenesí, tratando de volarse el uno al otro. El porta-naves de la UEE luchaba contra una gran estructura Vanduul, un destructor de aspecto temible que acechaba tras las sombras de aquel enjambre rojo. 

Se auguraba un final terrible, pero el teniente Nolan, una vez tomó el mando, volviéndose aún más loco, consumido por la ira y la sed de caza, alentando a los pilotos que aún estaban vivos, luchó y luchó como si no hubiese un mañana al que agradecer la victoria.

No se rindieron, imparables continuaron el combate, sin importarles qué.                           

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Ese «qué«, eramos nosotros, una compañía transportista que volvía a casa después de un largo trayecto. Una transmisión con mucho ruido, llena de distorsiones nos puso a prueba. 

Era una señal de “Avistamiento Vanduul”. Por aquel entonces estas señales se usaban para encauzar rutas seguras, es por eso que nos dirigimos a las coordenadas que se indicaba en la transmisión de la UEE con objeto de evitar tan poco hospitalario encuentro. 

Sin embargo, y ya demasiado tarde, para nuestra sorpresa nos dimos cuenta que dicha transmisión no era para nosotros. La intención de la señal no era la evasión de civiles, sino erroneas instrucciones de combate para el porta-naves. 

En un intento de maniobrar, para poder salir de lo que sería nuestra peor pesadilla, recibimos varios impactos en el casco, estos provenían de ambos bandos, nuestro piloto perdió el control de la nave, los nervios y la desesperación colonizaban el ambiente, todo era un verdadero caos, gritos, llantos e incluso el miedo teñía de rojo sangre las ventanas de nuestra nave.

 Nos preparábamos para un aterrizaje forzoso, casi mortal, sobre un asteroide apartado del combate. El impacto partió la estructura de la nave, todo salió despedido, cada módulo separado de la base principal de la nave empezó a girar sin parar…

Recuperando la consciencia, al despertar, un abrumador fuerte dolor de cabeza nos indicaba que algo no iba bien, la luz nos abrasaba los ojos, la sensación era como nadar en un mar de cenizas con los ojos abiertos. 

La desorientación era casi perpetua.

Una vez centrados, la realidad empezaba a ser más … más cruda, una habitación del mismo tono que la carne, paredes que apreciaban estar vivas, de un material orgánico, nos encontrábamos postrados, amarrados al suelo con grilletes, cadenas que cubrían nuestro cuerpo. 

No voy a mentir, no fué nada fácil asimilarlo, pero era obvio, aquél lugar era un maldito agujero Vanduul.

Las horas se hicieron días, y los días meses, no era posible marcar las paredes, era casi imposible contar el tiempo. 

Había quien usaban sus dientes para marcar en su cuerpo las veces que podía descansar.

 

Nos hacían trabajar en una mina, como prisioneros de guerra o mas bien esclavos de los Vanduul. Turno a turno nos hacían recolectar un cristal verde a cambio de un plato de algo que llamábamos «comida». 

Había muchos más como nosotros, cientos, y cada día aumentaban las filas con nuevo ganado; humanos, xian e incluso vanduul, prisioneros listos para su explotación. 

En todas las estructuras del lugar aparecía el mismo símbolo, un carácter Vanduul, posiblemente el nombre del lugar, el cual parecía el dibujo de una colmena.

Con el tiempo, los internos acuñamos este nombre al lugar, y de ahí hicimos nuestras normas, muy básicas, llenas de promesas de sangre y venganza.

«La Colmena», un lugar de fraternidad impuesta, olvidados por los nuestros, unidos por el ansia de sangre. Un lugar del que no se podía escapar, donde la esperanza y los sueños se menoscaban a golpe de látigo, en la misma proporción que aumentaba la sed y el odio.

 

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Nos faltaba el tiempo para descansar y cualquier cosa que no fuese picar salía de estos momentos. Poco a poco, la fraternidad de La Colmena se hacía más y más fuerte. Con el tiempo conocimos a un Xi’an con una gran habilidad con los idiomas. 

Sabio y paciente hizo por enseñarnos el idioma de los Vanduul. Aprendimos muchas más cosas, sus costumbres, sus naves, su armamento.

La sed y el ansia de La Colmena por hacerles pagar transformó este grupo, nos especializábamos, los estudiábamos, analizábamos sus respuestas, incluso en ocasiones atrevíamos a ponerles a prueba. La Colmena ya no era solo una fraternidad, nos movía un objetivo común, salir de aquel lugar.

La lucha era constante, y no solo contra nuestros carceleros. La desolación, la  hambruna y la falta de descanso acababa con muchos de los nuestros. 

Tanto  Xi’an, humanos, como Vanduul, todos estábamos bajo el acecho de la muerte. 

El sobre-agotamiento se cobraba a los menos fuertes, y la desesperación llevaba a otros a reclamar un dooroso suicidio, algo por desgracia tan común como fácil, no había más que beber el ácido que se usaba en las máquinas de perforación. 

Muchos llegamos a valorarlo, pero nos mantenía en pié la idea de poder salir de aquel agujero.

Nuestra actividad se hizo eco entre los prisioneros, era como un faro entre tanta oscuridad, el rumor y las historias corrían rápido, algo que no era de extrañar, nuestros carceleros no entendían nuestro idioma, es por eso que podíamos hablar sin levantar sospechas mientras recolectábamos los cristales.

Llegamos a ser un gran número entre hombres y mujeres, Xi’an  y Vanduuls, todos dispuestos a luchar con un objetivo común,  la libertad. Por fin se palpaba en el ambiente una brisa de esperanza.

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Bien, hemos de reconocer que no era un plan magnifico, pero era lo que había, a nuestro favor jugaba la oportunidad y había que aprovecharla.

 En varias de nuestras escaramuzas descubrimos cerca del campo de trabajo varias plataformas de aterrizaje Vanduul.

Era sencillo, solo teníamos que salir de la celda, cruzar un campo de cristales, atravesar una valla electrificada, evitar las patrullas, llegar hasta las naves, encenderlas y salir pitando, fácil ¿verdad?, un par de dudas aun nos mantenían a la espera. ¿Como salir de la celda?, ¿Como atravesar la valla?, ¿Como cruzar el campo? y por último y no menos importante ¿Como pilotar las naves Vanduul? … es posible que no lo tuviésemos muy claro. 

Sabíamos que las torres de vigilancia se abandonaban de día y se activaban de noche, y las patrullas eran pobres y no abarcaban todo el terreno. 

Podíamos hacerlo durante las horas de luz, en modo relámpago, o esperar a la penumbra e intentar un modo mas sigiloso pero… ¡¡¿como coño íbamos a salir de las celdas?!!

Llegamos a la solución tras un absurdo debate, pues se encontraba delante todo este tiempo.

Habíamos visto morir a tantos que el tiempo nos acostumbró a mirar siempre a otro lado, era el recurso de quien decidía salir por la vía rápida, el ácido que se bebieron muchos para poner fin a aquella agonía.

Hicimos pruebas en diferentes zonas del campo de prisioneros con objeto de no levantar sospechas, pudimos comprobar satisfechos que ese ácido tan corrosivo era muy eficiente con los materiales que nos mantenían encerrados y amarrados.

Ansiábamos el momento de ponernos en marcha, la esperanza se había apoderado de nosotros, un objetivo, una salida, un equipo, La Colmena debía dar el siguiente paso.

Habría pasado 8 meses aproximadamente, era obvio que nos encontrábamos en el límite y no podríamos durar mucho más, el momento de abandonar aquel lugar había llegado, aquella noche volveríamos a casa, ya sea a bordo de una nave o formando parte del polvo espacial.

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Aquella noche finalmente llegó. 

No disponíamos de mucho tiempo, la oscuridad de aquel lugar no duraba más de cuatro horas. Cada pareja de celda contaba con una botella de ácido, fabricada con aquellos cristales que con tanto esmero nos hacían recolectar. Aquel material era lo único capaz de soportar el poder destructivo de aquel ácido. En aquel instante, una vaga patrulla Vanduul se alejaba de las celdas, todo este sistema de sometimiento les hacía pensar que sería imposible salir de aquel lugar, pero nos subestimaron, y ese es el error que mejor supimos aprovechar. 

Llegamos al punto de reunión que estaba en el centro del campo de recolección camuflado entre los cristales, ademas quien iba a pensar que estaríamos donde nos pasamos todo el día sufriendo como condenados. 

Al cabo de unas horas llegaron los últimos, solo quedaba rociar aquella valla con el ácido y rezar para que no nos pillasen.

Un grupo de tres, acompañados por el Xi´an se adelantaron para rociar la vaya con el ácido. 

Poco a poco un agujero empezaba a tomar forma, pero la tranquilidad se tornó en caos cuando se produjo un corto a los pies de la valla, lo que provocó el salto de la alarma. 

Un sonido tan alto y estridente con la forma, si la tuviese, de una aguja atravesando nuestras cabezas. 

Nos dejó casi postrados e inútiles a la altura del suelo, el Xi’an por suerte no sufría aquella amarga sensación, percibía aquel sonido de un modo muy distinto. 

Torpes en nuestras acciones, empezamos a correr en dirección a las plataformas de aterrizaje, estaba claro que no nos encontrábamos en nuestra mejor forma física, y añadiendo aquella alarma, parecíamos un grupo de zombis drogadictos escapando de una redada, en los fondos de cualquier antro de mala muerte. 

Poco a poco y más lejos de aquella alarma, comenzábamos a recuperar la coordinación, justo a tiempo para ir esquivando el fuego enemigo que tiraba desde la retaguardia, disparos que en ocasiones silbaban rozando nuestras orejas.

Cinco naves y cinco pilotos, parecía ser cosa del destino, no quiero ni imaginar que hubiera pasado con una nave menos.

A bordo de las mismas habían elementos que las hacían familiares a nuestros ojos, como si la nave estuviese ensamblada por distintas fábricas. Una vez en los mandos tomaba sentido lo aprendido del idioma Vanduul, los símbolos que adornaban el interior de la nave cobraban significado, Engine Start, thruster, fire, boost, etc …

Tras encender aquella máquina, un baile de pantallas holográficas teñidas de rojo sangre flanqueaban el rincón del piloto.

Un estruendo se llevó por delante dos de nuestras naves, los Vanduul controlaban una especie de vehículo pesado que parecía levitar, aquella máquina se movía con gran agilidad. Era el momento de meter gas y abandonar aquel lugar.

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